Dejando Biblias de Noche en Puertas de Hogares Musulmanes

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Oliver *, colaborador de Puertas Abiertas, trabaja para difundir la Palabra de Dios en la Península Arábiga. En medio de la noche, cuando todo está oscuro, entra en su coche para repartir la luz de Cristo colocando biblias en las puertas de los hogares musulmanes.

Después, espera a ver qué pasa, sabiendo que la Palabra de Dios no volverá vacía.

La noche ha caído después de un día especialmente caluroso. Finalmente, la temperatura comienza a caer. Intentando no hacer mucho más ruido que el necesario, Oliver lleva una caja de cartón a su coche. Se limpia el sudor de la frente y ora (de nuevo) por la protección de Dios durante las próximas horas. La caja está llena de biblias en árabe. Cuidadosamente, las esconde debajo de los asientos, esperando que nadie lo note en caso de que se cruce con un control policial.

Se trata de una misión peligrosa. Oliver vive en uno de los países de la Península Arábiga donde está estrictamente prohibido intentar convertir a los musulmanes al cristianismo. La distribución de biblias es ilegal y Oliver podría acabar deportado o incluso encarcelado.

El peligro no impide que Oliver extienda la Palabra. De ninguna manera. Sólo piensa en compartirla, aunque le pueda costar la vida. Es el amor por la Palabra de Dios lo que lo impulsa. En los años que ha estado sirviendo al Señor en este país, ha visto su tremendo poder de transformación. Ha visto ocurrir muchísimos milagros cuando los musulmanes empiezan a leer la Biblia.

Con esto en mente, Oliver comienza a conducir por los polvorientos caminos, en la oscuridad de la noche. Dentro de una hora llegará a un pequeño pueblo. Nunca ha estado ahí antes. No conoce las historias de las personas que viven detrás de las puertas y las oscuras ventanas que ve al conducir por las calles. Que él sepa, no hay un solo creyente en Cristo viviendo en ese pueblo. Pero, si Dios quiere, eso está a punto de cambiar.

Oliver estaciona su coche, apaga las luces y espera. Después de unos minutos, nada se ha movido. No hay ninguna señal de alarma. Lentamente, alcanza bajo su asiento un paquete de biblias. Abre cuidadosamente la puerta del coche y sale, dirigiéndose a una fila de casas. Cuando llega, coloca una Biblia en el umbral de cada casa. Después de unos minutos, todas las casas de la calle han recibido una Biblia. Silenciosamente, Oliver se mete en su coche y vuelve a casa. Mientras conduce, susurra silenciosamente el texto de Isaías 55: “… así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”

Cuatro meses después…

Han pasado cuatro meses. Esta vez es a plena luz del día. Es la primera vez que Oliver regresa al mismo pueblo después de su expedición nocturna en aquel día caluroso. Ha estado orando por la gente de ese pueblo todos los días. Hoy no traerá ninguna Biblia. No. Hoy le toca a Dios trabajar y mostrarle a Oliver cómo ha usado las Biblias que él trajo.

El pueblo parece mucho más amable ahora que Oliver lo ve a plena luz del día. El perfil de una estructura que recordaba haber visto en la plaza del pueblo parece ser una tetería. Pide una taza de té entre un grupo de hombres locales que se está tomando el descanso de la tarde. “No eres de aquí, ¿verdad?”, dice el camarero en árabe. Oliver se apresura a admitir que en realidad es extranjero.

La siguiente pregunta es siempre la misma, en esta cultura dominada por el islam. “Entonces, ¿eres musulmán?”. La mayoría de la gente aquí sólo conoce a musulmanes, muchos nunca han conocido a nadie que crea en otra cosa. “No, no lo soy. Soy cristiano”, responde Oliver.

Uno de los hombres en la tetería responde: “¿cristiano dices? ¿Puedes explicar algo sobre la Biblia?”. El mismo hombre comparte que hace unos meses encontró una Biblia en su puerta y que ha estado leyéndola desde entonces. Pero no lo entiende todo. Oliver: “No tengo una Biblia conmigo”, responde. “Pero si quisiera traer la suya, estaré encantado de estudiarla con usted”.

El hombre corre a casa a buscar su Biblia y regresa rápidamente. Otros aldeanos se unen a la conversación mientras Oliver los guía en su primer estudio bíblico. Al abrir la Biblia, se siente aliviado. Su estrategia ha funcionado de nuevo. No hay nada de ilegal en ayudar a un musulmán a leer un libro que ya posee. Después de elegir empezar por el evangelio de Juan, pasa el libro a uno de ellos. “Por favor, tu árabe es mucho mejor. Es mejor si lo lees tú”. Por primera vez en su vida, estos hombres de un área aislada de la Península Arábiga leen el Evangelio en voz alta.

Después de una hora, se crea un ambiente en el que los hombres le explican abiertamente por qué piensan que el Corán es correcto, y él es capaz de compartir acerca de las enseñanzas y la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. “¿Realmente Jesús resucitó de los muertos?”, pregunta uno. Está asustado, ya que el Corán enseña explícitamente que Dios no tiene un hijo. “Sí, realmente, lo hizo”, responde Oliver.

Cuando Oliver sale del pueblo al final del día, ya ha hecho un buen montón de nuevos amigos. Dentro de unas pocas semanas, regresará al pueblo y visitará a estos hombres musulmanes, esperando que Dios abra nuevas puertas para compartir el Evangelio con ellos.

En otras ocasiones, Oliver ha sido clave para llevar a Dios a personas de este país, y mientras ve que el pueblo desaparece por el espejo retrovisor, ora para que Dios junte a sus hijos también en este lugar.

GacetaCristiana.com.ar

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