Luchador de la MMA Conoce a Jesús y Descubre su Llamado a Servirle en el Congo

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Impactante testimonio de como Dios libró a Justin Wren, ex luchador, de una vida de drogas y excesos, y lo convirtió en un mensajero del Amor de Jesús a una tribu de indígenas en el Congo.

A medida que crecí, sufrí de severo bullying. Tal vez porque era regordete y con pecas en mi rostro. Quizás era demasiado amable y dejé que los otros niños se aprovecharán. A los 13 me diagnosticaron depresión, y batallaba con pensamientos suicidas.

Afortunadamente, tuve un hogar amoroso y padres que hicieron todo lo que pudieron para ayudarme y aumentar mi autoestima. Me alentaron a unirme a los deportes. Y así fue como empecé mi trayectoria profesional en la lucha.

Amé el deporte de las luchas desde el momento en que pisé el ring de combate. Pude poner mi foco en otra cosa que no fuera mis problemas internos. No comencé siendo un gran luchador. En realidad, era pésimo. Pero un entrenador vió algo en mi y nunca se rindió conmigo. Eventualmente, me convertí en uno de los mejores y gané múltiples campeonatos estatales y nacionales.

Después de mi graduación, me mudé al Centro De Entrenamiento Olímpico para alcanzar mi sueño de luchar en las Olimpiadas. En un enfrentamiento con un campeón mundial, terminé en una mala posición. Al arrinconarme contra las redes, torció mi brazo en la forma incorrecta, quebrándole como una ramita.

Sentía un terrible dolor de mi cuello hacia mi mano. Mi hombro se había quebrado y dislocado. Había daño en el nervio. Y mi compañía de seguros no quería pagar por la cirugía.

Mientras tanto, comencé a tomar calmantes, y me sentía muy bien. Las drogas no sólo apagaron mi dolor físico, sino que también se llevaron mi dolor emocional y la depresión que me habían atormentado desde hacía tantos años. Llegué a tomar la dosis de calmantes correspondiente a un mes, en tan sólo una semana. Eventualmente, tenía a tres doctores diferentes, de tres estados distintos, prescribiendome narcóticos, y ninguno sabía nada respecto del otro.

Adicción por las nubes

Mi carrera de lucha estaba en el limbo, pero el deseo de pelear perduraba intacto. Cuando un amigo se lesionó, tomé su lugar en las luchas de la MMA (Artes Marciales Mixtas). A los luchadores generalmente les iba muy bien en la MMA, y yo no fui la excepción. Después de mi primer victoria, estaba listo para ir por más.

Mientras mi popularidad en la MMA crecía, fui internándome más y más en el estilo de vida de los luchadores, el cual puede llegar a ser muy peligroso. Los fanáticos querían autógrafos y tomarse fotografías conmigo. Y todos deseaban estar de fiesta en todo tiempo. Así como mi carrera despegó de la noche a la mañana, también mis adicciones. Antes de poder siquiera notarlo, había agregado cocaína y alcohol a mi consumo descontrolado de fármacos.

juston-wren-in-congoFui el luchador más joven peso pesado de los niveles mas altos. Repartía mi tiempo entre la lucha, el entrenamiento y tomar drogas. Hasta el día de hoy, tengo lagunas mentales respecto a semanas enteras culpa de las drogas.

Mi vida tocó fondo cuando me echaron de uno de los mejores equipos de lucha del mundo por causa de mi abuso de drogas. Mi sueño de la niñez se había convertido en una pesadilla Diaria. Pero cuando todos habían perdido la esperanza conmigo, Jeff, un amigo, se quedó a mi lado. Me llamaba varias veces al día, invitándome a reuniones cristianas para varones. El prometió entrenar conmigo en las mañanas, si yo le acompañaba a las reuniones por las tardes. Yo esperaba un montón de ‘momentos de fogata hippie’ al estilo de los campamentos, pero estos eran hombres reales luchando batallas reales. No eran hombres sosos como yo pensaba, pero tenían una paz que envidiaba. Después de un par de encuentros, supe que necesitaba lo que sea que ellos tenían, y oré:

Dios, soy un alcohólico y drogadicto. Un mentiroso y engañador. Y debo reconocer que en cierta forma deseé ser todas estas cosas y a la vez, me convertí en algo que jamás deseé llegar a ser. He lastimado a todos. Y ya no quiero seguir haciéndolo. Ya no quiero lastimar a nadie más. Necesito desesperadamente que me ayudes.

Mientras oraba, sentía que Dios me levantaba. Sentí como si algo finalmente liberaba. Era libre. Todas las cadenas emocionales de depresión, simplemente se quebraron y cayeron. Al mismo tiempo, sentí a Dios envolverme con sus brazos, como un padre abraza a sus hijos.

Las cosas comenzaron a cambiar, tiré las drogas que aún tenía. Dios me quitó completamente el deseo de usarlas, y nunca más quise regresar a esa antigua vida.

La Visión

Después que Jesús me ayudara a superar la depresión y las adicciones, las metas y sueños para mi vida cambiaron. Ya no quería la fama de la MMA, sólo quería servir a Dios en lo que pudiera. Empecé como voluntario en un ministerio local en las prisiones, compartiendo mi historia con quien quisiera oírla.

Sabía que tenía que apartarme de la MMA. Aunque amaba el deporte, la tentación era muy grande. Pero al no pelear, no sabía que hacer con mi vida. En desesperación oré:

Dios, soy tuyo. ¿Hay algo que quieres que haga? Deseo hacer Tu Voluntad, no la mía.

En ese momento una extraña visión vino a mi mente. Me vi a mi mismo en medio de una jungla. Además del ruido de la naturaleza, oía el sonido de una música vivaz, como de percusión.

Di un paso al frente y la visión cambió. Fui bombardeado por imágenes de niños malnutridos y hombres hambrientos. Vi a un hombre que se estaba muriendo comerse a si mismo.

Comencé a llorar desconsoladamente, tanto que mis lágrimas caían sobre mi Biblia. Me preguntaba si me estaba volviendo loco, pero sabía que lo que había visto no pudo haber salido de mi imaginación. No sabía quiénes era estas personas, pero sabía que tenía que ayudarlas. Volviendo de repente a Isaías 58, mis ojos se posaron en los versículos 6-12, acerca del corazón de Dios para con los pobres y oprimidos. Este pasaje encendió un fuego en mi corazón.

A primera vista, las circunstancias eran peores que mi visión. Y aún después de varios meses de haber vuelto a casa, no podía salir de mi conmoción. Caleb me contactó con la Universidad Shalom, una escuela congoleña cristiana dedicada a servir a estas tribus. Supe que no podría ayudar a menos que pudiera entenderlos, así que viví allí por un año. Dormí en chozas hechas de ramas y hojas, comí su comida, y sufrí las mismas enfermedades que ellos. Una de las infecciones de malaria casi me mata. Pero sin importar las circunstancias, me sentía en casa, algo que nunca había logrado, ni siquiera en el gimnasio.Compartí mi visión con mi mentor Caleb, y el inmediatamente supo que estaba describiendo a Mbuti (o Pygmy), una tribu en el Congo. Me dijo que estaba liderando un grupo que saldría para allá en un mes, en misiones de alto riesgo; y me invitó a acompañarlo a ir con él junto al Ministerio Soldados Inusuales (Unusual Soldiers Ministry). La meta del viaje sería encontrar las aldeas Mbuti más remotas en la jungla, entablar relaciones con ellos, y conocer más acerca de sus necesidades.

Pronto me adoptaron dentro de la tribu y me dieron un nuevo nombre: Eféosa Mbuti MangBO. “Mbuti MangBO” significa “El Gran Pigmeo”, algo muy apropiado pues mi altura me hacía destacar entre los habitantes de baja estatura de la tribu. “Eféosa” significa ” el hombre que nos ama”.

Recientemente, después de cinco años fuera, volví al ring de la MMA, con el objetivo de recaudar fondos para la organización Pelea por los Olvidados, que fundé para servir a los Pygmys. El deseo de luchar aún existe, pero ya no peleo contra los demonios internos. Ahora peleo para cumplir el llamado de Dios en mi vida.

GacetaCristiana.com.ar

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